La nueva Ópera de Oslo (en noruego, Operahuset), levantada frente al fiordo como un iceberg, es mucho más que un templo dedicado a las artes vocales. Es un palacio con tantas superficies como el mejor de los skateparks, o al menos así lo vendieron sus arquitectos en un principio, claro está que luego más tarde se retractaron del concepto y prohibieron la entrada con bicis y tablas de skate. Y asi quedó reflejado en la entrada con una placa, del mismo mármol blanco que reviste todo el edificio, en la que se especifica que el skateboard no está permitido.

Lo típico en estos casos, al convertirse en una de las insignias de la ciudad, es que se quiera proteger, por mucho que se ideara en un principio como algo práctico y se consultara a skaters para llevar a cabo el proyecto. Asi que, muy a nuestro pesar, rompemos el mito que circula por muchos rincones de la red y, afirmamos que no hay skatepark en el techo de la Ópera, siendo el Skatepark Gamlebyen el más próximo.